Primera ronda: leer sin apuro
Cada integrante del equipo se lleva tres o cuatro títulos a casa y vuelve con notas sueltas: si la voz aguanta las primeras veinte páginas, si el ritmo se sostiene, si hay algo que valga la pena comentar en la tertulia. No leemos todo completo, pero sí lo suficiente para saber si el libro funciona como recomendación y no solo como novedad de catálogo.
Segunda ronda: descartar sin culpa
Acá se cae la mitad de la lista. Sacamos los libros que repiten la misma estructura que otro ya elegido, los que solo funcionan para un lector muy específico y los que no aguantan releerse. También dejamos afuera títulos que ya estuvieron en listas anteriores: preferimos rotar antes que insistir con lo mismo.
Tercera ronda: ordenar por edad y por interés
La lista final se agrupa por franjas de edad y por tema, no por orden de llegada. Un libro de literatura infantil puede compartir mesa con un ensayo si el interés es el mismo. Escribimos una reseña breve por título, sin spoilers, y anotamos para qué tipo de lector creemos que funciona mejor.
Prueba con el club y con docentes
Antes de publicarla, la lista pasa por el club de lectura quincenal y por los docentes que vienen a preparar talleres. Ahí aparecen los ajustes finos: un título que no engancha, una franja de edad mal calculada, un tema que conviene separar en dos. Esa devolución es la que termina de definir qué queda y qué vuelve a la estantería.